El comienzo de las Series Divisionales invita a recordar una de las actuaciones más difíciles de olvidar de un lanzador cubano en Grandes Ligas. El 7 de octubre de 2005, Orlando Hernández llegó al montículo de Fenway Park con las bases llenas, sin outs y una ventaja de apenas una carrera. Los White Sox estaban cerca de eliminar a Boston, pero el juego amenazaba con escapárseles.
Chicago ganaba 4-3 en el sexto inning del tercer encuentro. Los Medias Rojas, campeones de la Serie Mundial anterior, necesitaban aprovechar aquella oportunidad para mantenerse con vida. Ozzie Guillén entregó la pelota al Duque, un veterano acostumbrado a los partidos de presión, aunque aquella vez debía resolver desde el bullpen.
Hernández comenzó por dominar a Jason Varitek con un elevado de foul. Después retiró a Tony Graffanino con otro elevado y dejó el escenario preparado para enfrentar a Johnny Damon. Todavía bastaba un sencillo para cambiar el marcador, pero el cubano terminó el episodio con un ponche que dejó a los tres corredores en circulación.
La importancia del escape estaba en lo que evitó. Boston tuvo tres oportunidades consecutivas de empatar sin necesidad de conectar un extrabase, mientras Chicago debía encontrar outs sin permitir que avanzaran los corredores. Hernández resolvió el inning completo sin conceder una carrera.
Orlando Hernández aportó mucho más que tres outs
El trabajo del Duque continuó después de aquel sexto episodio. Completó tres entradas sin carreras, permitió un solo hit y ponchó a cuatro bateadores, una actuación que sostuvo la ventaja hasta la parte final del encuentro. Chicago ganó 5-3 y completó la barrida.
Aquel relevo encaja dentro de una trayectoria divisional que merece atención propia. Hernández terminó su carrera con efectividad de 1.78 en esta ronda, producto de seis carreras limpias en 30 entradas y un tercio. En siete apariciones acumuló tres victorias, una derrota y 25 ponches.
Son números que permiten mirar más allá de una tarde memorable. El derecho cubano respondió como abridor y relevista en series donde una mala salida podía comprometer toda una temporada. En Boston, esa experiencia quedó concentrada en la manera de enfrentar una situación que no ofrecía margen para regalar nada.
Los White Sox terminaron conquistando la Serie Mundial de 2005. En el recorrido hacia aquel campeonato, el relevo de Hernández conserva un lugar especial: entró con el empate a noventa pies del plato y dejó a Chicago a las puertas de la siguiente ronda.

Cubanos en Grandes Ligas
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