Los Miami Marlins celebran el día de la herencia cubana este sábado 23 de mayo como reconocimiento a la marcada influencia de la mayor de las Antillas en la identidad cultural y el desarrollo del sur de la Florida, pero con un guiño directo al legado de los Havana Sugar Kings. Durante casi una década, la novena de los Reyes del Azúcar representó el experimento más ambicioso de integración del béisbol cubano dentro del sistema organizado de las Grandes Ligas. Su historia estuvo marcada por éxitos deportivos, tensiones políticas y un final abrupto.
El proyecto comenzó en 1946 con los Havana Cubans, equipo de la Florida International League, afiliado a los Washington Senators. La franquicia se convirtió en una máquina de desarrollar talento para el sistema estadounidense. El equipo dominó la liga menor durante años, lo que llamó la atención del empresario cubano Bobby Maduro, quien adquirió la franquicia en 1953.
En 1954, Maduro logró que La Habana ingresara en la International League, el nivel más alto de las Ligas Menores. Así desde su nacimiento los Sugar Kings eran una organización de Triple A afiliados a los Rojos de Cincinnati. Por el equipo pasaron figuras que luego brillaron en MLB, como Leo Cárdenas, Mike Cuéllar, Cookie Rojas, Elio Chacón y Tony González. Era como cualquier otra sucursal Triple A en Estados Unidos, con la particularidad de estar ubicada en un país latinoamericano.
Aunque jugaban en La Habana, los Sugar Kings no formaban parte de la Liga Profesional Cubana de los históricos Almendares, Habana, Marianao y Cienfuegos. Los Sugar Kings competían dentro del calendario oficial de las Ligas Menores.El momento más alto de la franquicia llegó en 1959, cuando los Sugar Kings conquistaron el campeonato de la International League tras derrotar a los Minneapolis Millers, filial de los Medias Rojas de Boston, en una serie de siete juegos.

El fin de los Sugar Kings
El triunfo deportivo coincidió con la llegada al poder de la dictadura castrista. En 1960, la nacionalización (confiscación) de empresas y el deterioro de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos colocaron a los Sugar Kings en una posición insostenible. El 8 de julio de ese año, MLB y el Departamento de Estado ordenaron la salida inmediata del equipo de Cuba. La franquicia fue trasladada a Jersey City, donde pasó a llamarse Jersey City Jerseys. El proyecto perdió su esencia y su base de apoyo. Un año después dejó de existir.
Aunque su vida fue corta, los Sugar Kings dejaron una huella profunda. Demostraron que Cuba podía albergar béisbol profesional de alto nivel dentro del sistema de MLB. Sirvieron como puente para decenas de peloteros cubanos que encontraron en La Habana una vía directa hacia las Grandes Ligas y representaron el último gran proyecto de béisbol profesional en la isla.
Por eso merecen estar presentes en la celebración de la herencia cubana de los Miami Marlins. Aunque a los aficionados cubaos les hubiera gustado que dentro del terreno hubiese algún jugador de la isla.

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