No hace falta un radar para medir el corazón. Y eso es lo que tiene Sandy Alcántara: un corazón que no entiende de limitaciones, de postoperatorios, de procesos. El martes por la noche, en el juego 1,000 de temporada regular en loanDepot park, el as dominicano volvió a sonreír. Y con él, todo el sur de la Florida.
Alcántara ganó su primer juego en 19 meses. Casi dos calendarios completos pasaron desde que se apuntó una victoria. Esta vez fueron cinco entradas, 70 lanzamientos y una certeza: está de regreso, y está aquí para competir.
“Estoy feliz de poder volver a hacer esto”, dijo Sandy, visiblemente aliviado. “No importa si es a 98 o a 94 millas por hora, yo lo que quiero es competir”.
Y eso hizo. Después de recibir una ventaja temprana con un jonrón de dos carreras de Kyle Stowers ante Kodai Senga, Alcántara salió con la misión de mantener el marcador. Enfrentó al primer trío de bateadores de los Mets y los retiró con solo nueve lanzamientos. Dos bates partidos. Tres roletazos. El viejo Sandy, aunque en otra versión.
Sí, le dieron un jonrón solitario (Nimmo, en el segundo), sí, le empataron con un sencillo de Lindor (que rompió un 12-0 para comenzar la temporada), pero el dominicano no se descompuso. Todo lo contrario: retiró a ocho rivales seguidos antes de que el mánager Clayton McCullough tomara la decisión difícil.
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“No es fácil sacar a un tipo como Sandy”, confesó el dirigente. “Pero sentí que había vaciado el tanque. Nos dio todo lo que tenía hoy”.
Y Sandy, como todo un profesional, lo entendió. Esta no es su primera temporada. Pero sí es la más delicada. La más sensible. La que puede marcar un antes y un después.
Con el juego empatado 2-2 en el cuarto inning, y dos outs en la pizarra, un corrido de bases agresivo de Griffin Conine evitó una doble matanza. Y después apareció Graham Pauley, el novato que quiere quedarse. Su doble impulsó dos carreras y puso a ganar a los Marlins 4-2. Esa fue toda la ofensiva del equipo. Solo tres hits en todo el juego, pero dos batazos claves. A veces el béisbol no pide más.
Sandy Alcántara ganó pero el bullpen brilló
El resto fue una lección del bullpen. Ronny Henriquez sacó seis outs sin pestañear. Lake Bachar lanzó un octavo perfecto. Y en el noveno, con el agua al cuello y dos corredores en base, Anthony Bender entró en modo hielo: cuatro pitcheos, dos outs, se acabó la historia.
Fue la primera victoria del año para Alcántara. Fue una noche de señales. La señal de que Sandy está vivo, de que el equipo puede ganar con tres hits, de que la reconstrucción puede ir más rápido si el as está sano.
“No voy a mentir, me canso más rápido. No es lo mismo todavía”, dijo Sandy. “Pero estoy aquí. Y eso ya es un paso”.
Un paso que se convierte en zancada cuando tu corazón no entiende de límites. Alcántara no lanzó a 100, pero lanzó con el alma. Y eso vale más que cualquier radar.