Cuando un equipo pierde seis juegos consecutivos es normal que todas las miradas apunten hacia el bullpen. Eso ocurrió otra vez el domingo, cuando Pete Fairbanks permitió el jonrón de tres carreras de William Contreras que dejó a los Marlins tendidos en Milwaukee apenas horas antes de comenzar una importante serie frente a los Astros de Houston.
Sería fácil utilizar ese batazo para concluir que el relevo de Miami atraviesa un mal momento. Los números dicen exactamente lo contrario.
Mientras la ofensiva ha tenido altibajos y la rotación ha pasado por momentos complicados, el bullpen ha sido una de las mayores fortalezas del equipo durante buena parte de la temporada. Ningún cuerpo de relevistas en las Grandes Ligas ha limitado mejor a los bateadores rivales. Los Marlins llegan a Houston con un promedio de apenas .210 permitido por sus relevistas, el mejor registro de todo el béisbol, por delante de organizaciones como Dodgers, Braves y Yankees.
El dominio del relevo de los Marlins
Ese dominio no aparece por casualidad. Los relevistas de Miami también exhiben efectividad de 3.78, un WHIP de 1.22, 382 ponches en 367 entradas, 58 holds y 23 salvamentos. Son números propios de un bullpen que ha mantenido con vida al equipo durante gran parte del calendario y que explica, en buena medida, por qué los Marlins continúan peleando por un puesto de postemporada.
Sin embargo, el problema de Miami no está en la profundidad del relevo. Está en quiénes tienen la pelota cuando el juego entra en sus últimos outs.
Pete Fairbanks fue la gran apuesta de la organización durante el invierno para asumir el noveno inning. Su experiencia cerrando partidos y su historial cuando ha estado saludable hacían pensar que resolvería una de las principales necesidades del equipo. Hasta ahora ha sucedido lo contrario. El derecho tiene efectividad de 7.42, WHIP de 1.51, balance de 3-4 y ya desperdició tres oportunidades de salvamento. La derrota del domingo fue simplemente el episodio más reciente de una temporada en la que todavía no ha logrado ofrecer la seguridad que Miami esperaba.
La situación tampoco termina ahí. Calvin Faucher ha tenido momentos importantes durante el año, pero también ha sufrido cuando ha debido enfrentar bateadores en situaciones de alto apremio. Entre ambos han dejado escapar ventajas que un equipo con aspiraciones de octubre necesita convertir en victorias.
El escenario se vuelve todavía más complejo porque Anthony Bender y John King, probablemente los dos relevistas más consistentes del club durante buena parte de la campaña, permanecen lesionados. Sus ausencias obligan a Clayton McCullough a reorganizar constantemente el bullpen y aumentan la responsabilidad sobre lanzadores que ya vienen acumulando una carga considerable de trabajo.
Por eso sería un error pensar que Miami necesita reconstruir completamente su relevo antes de la fecha límite de cambios.
Los números demuestran exactamente lo contrario.
Lo que necesita la organización es encontrar otro brazo capaz de lanzar el séptimo, el octavo o el noveno inning cuando el partido está en juego. Un relevista que complemente el excelente trabajo colectivo de un bullpen que domina durante la mayor parte de los encuentros, pero que ha mostrado demasiadas grietas precisamente en los momentos donde una temporada puede cambiar de rumbo.
Si los Marlins quieren mantenerse en la pelea por la postemporada, reforzar esa parte del bullpen parece mucho más una necesidad que un lujo.

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