Después de ganar una Serie Mundial con los Marlins, lanzar en las Grandes Ligas y construir una exitosa carrera como evaluador de talento para organizaciones como Cleveland y los Medias Blancas de Chicago, Juan Álvarez inicia una nueva etapa en el béisbol. El cubanoamericano, nacido en Coral Gables y criado en Westchester, es el nuevo coach de pitcheo de las Panteras de FIU, donde trabajará junto al también cubanoamericano Pedro Grifol en un proyecto que busca devolver al programa universitario al primer plano.
En conversación con Pelota Cubana USA, Álvarez habló sobre cómo surgió la oportunidad, la filosofía que pretende implantar en FIU, el desarrollo de lanzadores, la importancia de las analíticas y por qué considera que un campeonato universitario podría significar incluso más que el anillo de Serie Mundial que conquistó con los Marlins en 2003.
Juan Álvarez llega a FIU ?
El campeón de la Serie Mundial de 2003 y ex scout de los Chicago White Sox formará parte del cuerpo técnico de Pedro Grifol como coach de pitcheo de los Panthers.
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Declaraciones de Juan Álvarez
¿Cómo llegas a FIU?
«Nunca esperé estar aquí en FIU. Pedro es un amigo mío con el que he tenido una amistad por la pelota durante muchos años. Cuando él era el Manager de las Medias Blancas me dijo un día que si se quedaba sin trabajo, iría a dirigir a nivel colegial. Yo siempre le dije: ‘Si tú vas para college, yo voy contigo’, y él me decía que claro.
«Pero nunca pensé que iba a ser aquí en Miami, en FIU, y aquí estamos. Es un orgullo estar en una comunidad en la que me crié, porque crecí aquí en Westchester y aprendí a jugar pelota en Tamiami Park, aquí al lado. Mi hija juega voleibol aquí en FIU. Es increíble estar aquí, es como un sueño de verdad».
¿Cómo se concretó la llegada al programa?
«Pedro me llamó enseguida. Yo estaba cubriendo un torneo colegial en Omaha, Nebraska, donde se juega la Serie Mundial de College. Me dijo: ‘Oye, esto va a pasar y va a pasar rápido. ¿Estás interesado todavía?’. Le respondí: ‘Estoy contigo’.
«Luego, en la escala viniendo para Miami, me llamó otra vez y me dijo: ‘Oye, ya estamos. Estoy aquí. ¿Vienes conmigo?’. Le dije: ‘Cien por ciento. ¿Dónde firmo?’. Y aquí estamos desde el primero de junio».
Después de ser jugador y scout, ahora te toca enseñar. ¿Qué representa ese reto?
«Es muy similar a ser scout. Este juego en los últimos diez años ha cambiado demasiado impulsado por los números y las analíticas. Los muchachos hoy viven por las analíticas y eso es muy importante. Gracias a Dios, cuando trabajé con Cleveland ellos estaban muy avanzados en comparación con otros equipos de Grandes Ligas y aprendí muchísimo. Después, con las Medias Blancas, el sistema siguió cambiando.
«A mí me gusta enseñar. Tuve la oportunidad de ser coach en ligas menores durante dos años, uno con Cleveland y otro cuando empecé con Seattle. Me encanta crear confianza en los pitchers y transmitirles las experiencias que tuve como lanzador y como jugador».
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FIU no tiene los recursos económicos de otros programas grandes. ¿Cómo se compite desde esa realidad?
«Nosotros somos una escuela que no tiene el dinero de las conferencias grandes. Tenemos que desarrollar a los muchachos, eso es lo más importante. Desarrollarlos y ver si en dos o tres años pueden firmar un contrato profesional con todos los contactos que tenemos. Ese sería mi orgullo: que pitcheen bien aquí y puedan pasar al próximo nivel».
¿Qué huella quieres dejar en FIU?
«Lo primero que queremos como staff es ganar y crear un programa al que los muchachos, no solo del sur de la Florida sino de todos los Estados Unidos, quieran venir. Esa es la cosa más importante.
«Esta es la primera vez en la historia de FIU que hay dos coaches cubanoamericanos nacidos y criados bien cerca de aquí. Como le digo al presidente, si nosotros dos no podemos hacer nada aquí con todos los contactos y la experiencia que tenemos, va a ser bien difícil para otros. Queremos dejar una cultura ganadora».
¿Cuál es el principal consejo que intentas transmitirles a tus lanzadores?
«Que crean en su habilidad. Mucho de este juego es mental. A veces estos muchachos no creen en su habilidad, pero si están jugando college es porque alguien vio algo en ellos y creyó en ellos. Tienen que creer en sí mismos para que cada vez que cojan la pelota o vayan a batear tengan la confianza de hacer el trabajo».
Además de entrenar, en el college también hay que reclutar. ¿Cómo ha sido esa transición?
«Para mí ha sido fácil porque, como scout en la posición que tenía con las Medias Blancas, hablaba mucho con los agentes de los peloteros, que son quienes conocen a los jugadores que quieren cambiar de escuela o venir para acá.
«Entre Pedro, Brian Jeroloman y yo sumamos más de 80 años de experiencia en la pelota profesional. Esos contactos y esa experiencia nos han ayudado a atraer peloteros. Claro, después tenemos que evaluarlos, ver videos, verlos en persona y entrevistarlos. En eso somos muy buenos porque sabemos evaluar el talento».
Como coach de pitcheo, ¿qué buscas primero en un lanzador?
«Una cosa que se ha perdido en el juego de hoy es el comando, el control de los pitcheos y tirar strike con la recta. El pitcher que no tira strike con la recta y no tiene comando con ella nunca va a pitchear a un nivel más alto. Podrán haber llegado aquí por algo, pero si no tiran strikes, especialmente con la recta, es muy difícil pitchear a nivel profesional».
Después de haber ganado una Serie Mundial con los Marlins, ¿un campeonato con FIU tendría un significado especial?
«Increíblemente, claro. Ese año con los Marlins solo estuve allí dos meses. Aquí tú eres tu propio gerente general porque hemos construido el equipo nosotros mismos; solo regresaron siete u ocho muchachos del año pasado.
«Como nosotros trajimos a estos peloteros y armamos el equipo, ganar una conferencia o ir a Omaha me daría un orgullo enorme, incluso más importante que ganar en el 2003».

