Braxton Garrett ya no tiene nada que hacer en Triple A. Y lo que está mostrando salida tras salida con Jacksonville no deja mucho espacio para la interpretación.
El zurdo de los Marlins viene de firmar una de las actuaciones más extrañas y dominantes que se han visto en ligas menores en los últimos años. Ocho entradas sin permitir hits, dos carreras permitidas, solo una limpia, tres boletos y seis ponches en 98 lanzamientos. Un no-hitter de ocho innings… que terminó en derrota. Más allá de lo anecdótico, lo importante es el nivel de dominio.
No es un caso aislado. Garrett acumula 15.2 entradas consecutivas sin permitir hit y, en lo que va de temporada, los rivales apenas le batean .056. En 86 apariciones al plato no ha permitido ni un solo extrabase. Eso no es dominar un nivel. Eso es estar completamente por encima de él.
Si se amplía la muestra, los números son todavía más contundentes. En 23.1 entradas en Triple A este 2026, presenta 0.77 de efectividad con un WHIP de 0.51. Solo ha permitido cuatro hits en todo el año. Cuatro. Es el tipo de línea que no deja margen para seguir hablando de “proceso”.
Braxton Garrett ya dominó en Grandes Ligas
Y lo más importante en todo esto es que Garrett no es un prospecto en desarrollo. Es un lanzador probado en Grandes Ligas. En 2023 fue una pieza clave del equipo que llegó a la postemporada, con récord de 9-7, 3.66 de ERA en 30 aperturas y más de 150 innings lanzados. Ese pitcher ya existe. No es una proyección.
La realidad es que Miami lo envió a Triple A al final del Spring Training y desde entonces lo único que ha hecho es responder. Está sano, está lanzando mejor que nunca y ha recuperado el nivel que lo convirtió en uno de los brazos más confiables de la rotación hace apenas dos temporadas.
Mientras tanto, en Grandes Ligas la rotación no ha sido perfecta. Chris Paddack, por ejemplo, ha tenido problemas serios en este inicio con una efectividad de 6.37 y el equipo ha perdido sus cuatro aperturas. Es cierto que su contrato le da margen, pero el béisbol no funciona en base a contratos cuando hay resultados tan marcados en el terreno.
Aquí es donde entra la decisión que tiene que tomar la organización. No se trata solo de premiar el rendimiento. Se trata de mejorar el equipo grande. Los Marlins no pueden darse el lujo de tener a un lanzador como Garrett dominando Triple A mientras el roster de MLB necesita estabilidad en la rotación.
Y tampoco es un caso aislado dentro del sistema. El propio Robby Snelling está haciendo algo similar en Jacksonville, lo que convierte esta situación en un “buen problema” para la gerencia. Pero incluso los buenos problemas necesitan solución. Porque acumular talento en ligas menores no gana juegos en Grandes Ligas.
Garrett ya hizo el trabajo. Ya cumplió con el proceso. Ya demostró que está listo.
Ahora le toca a Miami tomar la decisión.

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