Sandy Alcántara está de vuelta. Y si lo de este Opening Day fue una señal real de lo que puede ser su temporada, los Marlins tienen motivos de sobra para ilusionarse.
El derecho dominicano abrió la campaña 2026 con una salida que recordó a su mejor versión, esa que lo convirtió en uno de los abridores más dominantes de todo el béisbol. Alcántara trabajó siete entradas en la victoria 2-1 de Miami sobre los Rockies de Colorado en loanDepot park, en una presentación sobria, eficiente y de absoluto control.
No fue solamente que ganó. Fue cómo lo hizo.
Con apenas 73 pitcheos, 49 de ellos en zona de strike, el as de los Marlins limitó a Colorado a cuatro imparables, todos sencillos, concedió dos boletos y ponchó a cinco rivales. La única carrera que permitió fue sucia. Para un lanzador que todavía cargaba con las secuelas competitivas de un 2025 irregular tras regresar de la cirugía Tommy John, el mensaje fue claro desde el primer día.
Miami necesitaba recuperar a “ese” Sandy. El que impone ritmo. El que no regala innings. El que le quita presión al bullpen. El que parece estar siempre un paso por delante del bateador.
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Y eso fue exactamente lo que mostró el viernes por la noche.
“Siempre digo que es grande para mí, especialmente ganando el primero”, dijo Alcántara después del partido. “Sabemos que esta es una temporada larga y es mejor cuando empiezas ganando”.
La salida tuvo varios matices que la hicieron todavía más alentadora. Alcántara no solo se vio fuerte físicamente, sino también más completo. Abrió el juego usando su cutter y enseñó con frecuencia el sweeper, un envío relativamente nuevo en su arsenal, que utilizó 12 veces. Además, volvió a verse como esa máquina de rodados que tantas veces ha sido en Miami.
En el segundo inning, por ejemplo, después de permitir un sencillo para abrir la entrada, respondió con un sinker de 97.1 millas por hora para fabricar un doble play. Su cambio también hizo daño. Tres de sus cinco ponches llegaron con ese pitcheo.
No fue una actuación basada en velocidad pura o en dominio abrumador de 10 o 11 ponches. Fue mejor que eso. Fue una apertura inteligente, madura, de lanzador grande.
Y eso, para un club como Miami, vale muchísimo.
La cuarta entrada fue prácticamente el único momento de turbulencia. Jake McCarthy abrió con toque de hit, robó segunda y parecía tener vía libre para anotar con un sencillo de Hunter Goodman al right field. Pero ahí apareció una de las jugadas del juego.
Austin Slater, firmado apenas el miércoles para reforzar el lineup ante zurdos, soltó un disparo de 92.5 millas en un bote hacia el plato y Agustín Ramírez completó el out sobre McCarthy. Fue una acción enorme en un partido de una sola carrera.
Más tarde, un error de Javier Sanoja en tercera mantuvo viva la entrada, Alcántara otorgó un boleto y Jordan Beck terminó remolcando la única anotación de Colorado con un infield hit. Pero incluso ahí, Sandy evitó que el inning se convirtiera en desastre.
Y eso también fue importante.
Porque el Sandy Alcántara de 2025, sobre todo en la primera mitad, muchas veces se complicó de más en ese tipo de escenarios. Este viernes, en cambio, lució como un lanzador que supo absorber el golpe y seguir adelante.
Después de ese cuarto inning de 22 lanzamientos, retiró los siguientes nueve outs del juego utilizando solo 27 pitcheos.
Eso es eficiencia de élite.
La salida también tuvo un peso histórico dentro de la organización. Alcántara hizo su sexta apertura de Opening Day con Miami, ampliando su récord de franquicia, y se convirtió en el primer abridor de los Marlins en completar al menos siete innings en un Día Inaugural en 11 años. Además, los Marlins arrancaron la temporada con victoria por segundo año consecutivo, algo que no lograban desde 2004 y 2005.
Ese tipo de detalle importa porque habla de estabilidad. Y si algo ha faltado en Miami durante demasiado tiempo, es justamente eso.
La ofensiva no hizo demasiado, pero sí lo suficiente.
Owen Caissie, uno de los nombres jóvenes más interesantes del roster y una de las piezas principales que llegó en el cambio que envió a Edward Cabrera a Chicago, produjo la primera carrera del año para los Marlins con un doble remolcador en su primer turno como jugador de Miami. Más tarde, Javier Sanoja pegó un sencillo impulsor que terminó siendo la diferencia definitiva en la pizarra. Caissie, además, llegaba tras un sólido Clásico Mundial con Canadá y con el cartel de ser uno de los prospectos importantes de la organización.
También hubo señales positivas detrás de Alcántara.
Andrew Nardi, que no lanzaba en un juego de Grandes Ligas desde agosto de 2024, regresó para sacar dos outs importantes en el octavo inning. Anthony Bender apagó el fuego ponchando a Willi Castro con corredores en las esquinas, y Pete Fairbanks cerró el noveno para apuntarse su primer salvamento con el uniforme de Miami.
No fue un juego espectacular. Fue mejor. Fue un juego que luce como el tipo de partido que los Marlins van a necesitar ganar con frecuencia si quieren meterse en la conversación de octubre.
Buen pitcheo abridor. Defensa oportuna. Aportes puntuales. Bullpen cerrando la puerta.
Y en el centro de todo, Sandy Alcántara.
Después de un 2025 lleno de altibajos, dudas físicas, rumores de cambio y ajustes en su retorno, esta apertura tuvo un peso que fue mucho más allá de una simple victoria en marzo. El año pasado, Alcántara terminó con marca de 11-12 y efectividad de 5.36 en 31 aperturas, aunque cerró mucho mejor tras el Juego de Estrellas, con récord de 7-3 y ERA de 3.13 en sus últimas 12 salidas. Eso ya sugería que estaba encontrando el camino otra vez. Lo del viernes fue la continuación perfecta de esa recuperación.
Clayton McCullough lo había notado desde los entrenamientos. Peter Bendix también lo dejó entrever antes del juego. Dentro de la organización había una sensación clara de que Alcántara llegaba al 2026 en otro lugar mental y físico.
Ahora toca sostenerlo por seis meses.
Pero si esta es la versión que Miami va a recibir este año, entonces los Marlins van a ser mucho más incómodos de lo que muchos creen.
Porque cuando Sandy Alcántara lanza así, cambia la dimensión completa del equipo.
Y el viernes, por primera vez en bastante tiempo, volvió a verse como ese caballo que puede cargar una rotación entera sobre sus hombros.

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