Robby Snelling sigue haciendo todo lo que está bajo su control. Y eso, en este punto, empieza a ser suficiente para abrir un debate dentro de la organización de los Marlins.
El zurdo va a lanzar toda la temporada 2026 con apenas 22 años y, aun así, ya domina Triple A como si fuera un nivel más dentro de su proceso. En cuatro aperturas con Jacksonville este año, presenta 1.89 de efectividad en 19.0 entradas, con 31 ponches y apenas nueve boletos. A eso se le suma un WHIP de 0.95 y un promedio en contra de .138, el mejor de toda la liga en ese departamento.
No es un arranque aislado. Desde que llegó a Triple A en 2024, Snelling ha lanzado 16 juegos con los Jumbo Shrimp y acumula una efectividad de 1.42 en ese tramo. Son 88.2 innings de trabajo con dominio sostenido, controlando tráfico en bases y limitando el contacto. En un nivel donde muchos prospectos se estancan, él ha hecho lo contrario.
Su trayectoria en ligas menores explica por qué este rendimiento no sorprende. En 2023, con 19 años, lanzó en tres niveles distintos y dejó una efectividad combinada de 1.82 en más de 100 entradas. En 2024 tuvo un retroceso en Doble A, algo común en el desarrollo de un pitcher joven, pero ajustó. En 2025 dio el salto definitivo con 2.51 de ERA en general y un sólido 1.27 en Triple A. Este 2026 no es más que la continuación de ese crecimiento.
¿Qué más tiene que demostrar Robby Snelling para recibir una oportunidad en Grandes Ligas?
Miami tiene hoy una rotación definida con Sandy Alcántara, Eury Pérez, Max Meyer, Chris Paddack y Janson Junk. Es una estructura funcional, sin dudas, pero también es cierto que un talento como Snelling ya no está para seguir acumulando salidas en Triple A. Cuando un lanzador domina el nivel de esta forma, la discusión deja de ser desarrollo y pasa a ser oportunidad.
Y no es el único caso. Braxton Garrett también está de regreso en Jacksonville y ha sido igual de dominante. En 2026, en tres aperturas, tiene 0.59 de efectividad en 15.1 innings, con un WHIP de 0.59 y apenas cuatro hits permitidos. Es un brazo probado en Grandes Ligas, pieza importante del equipo que fue a playoffs en 2023, y que viene de perder tiempo por lesión. Ya está listo.
Aquí es donde la situación se vuelve interesante para la gerencia. Tener dos zurdos en ese nivel de rendimiento en Triple A es, en teoría, un buen problema. Pero también es un problema que hay que resolver. Porque el béisbol no espera, y el desarrollo tampoco puede convertirse en estancamiento.
Mientras otras organizaciones empiezan a premiar a sus prospectos, incluso adelantando procesos o asegurando talento con extensiones tempranas, los Marlins parecen estar tomando el camino contrario. Más conservador. Más lento. Y en algunos casos, difícil de explicar desde el rendimiento puro.
Snelling no necesita más tiempo en Triple A para demostrar lo que es. Ya lo hizo. Lo que necesita ahora es enfrentar bateadores de Grandes Ligas, ajustar a ese nivel y empezar a impactar un roster que, aunque ha competido en este inicio, claramente puede beneficiarse de más profundidad en el pitcheo.
Porque al final, esto no es solo sobre desarrollo. Es sobre ganar juegos. Y Miami no se puede dar el lujo de tener brazos que están dominando en ligas menores mientras el equipo grande sigue buscando consistencia salida tras salida.
Ese es el tipo de decisión que define a una organización.
Y en este caso, la respuesta parece bastante clara.

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