Aquí no solo importaba ganar. Para los Marlins, después del desastre de la noche anterior, también importaba cómo responder. Y este miércoles Miami respondió como debe hacerlo un equipo que no quiere dejarse arrastrar por una derrota dolorosa, cayéndole encima temprano a Cincinnati, recibiendo una salida suficientemente sólida de Eury Pérez y cerrando el juego con cuatro entradas en blanco desde el bullpen para imponerse a los Rojos por marcador de 7-4 en loanDepot park.
La derrota del martes había dejado un mal sabor demasiado fuerte como para ignorarlo. No solo por la forma en que se escapó el juego, sino por todo lo que rodeó la salida de Sandy Alcántara. Por eso la reacción de Miami tenía peso. Había que ver si el grupo se quedaba pensando en lo que pasó o si era capaz de pasar la página. Clayton McCullough, al menos, se quedó con eso tras el juego. “hoy era un día nuevo”, dijo el dirigente, antes de remarcar una idea todavía más importante para un equipo joven. “Lo de ayer ya pasó. No lo vamos a recuperar.”
Y esa respuesta se vio rápido. Cincinnati golpeó primero con dos carreras en la parte alta del primer inning, pero Miami no tardó nada en devolver el golpe. Xavier Edwards abrió la tanda con hit, Agustín Ramírez lo remolcó con doble al izquierdo y Liam Hicks lo siguió con sencillo productor para empatar el juego. En el segundo, los Marlins volvieron a atacar. Jakob Marsee pegó hit impulsor y más tarde Edwards produjo otra con rodado al cuadro. En el tercero, Griffin Conine amplió la ventaja con un jonrón de dos carreras que puso el marcador 6-2 y terminó de marcar el tono del partido.
La ofensiva de los Marlins respondió
No fue una ofensiva de un solo hombre, sino una noche donde casi todo el lineup aportó algo. Miami terminó con 12 imparables y produjo siete carreras repartidas entre Marsee, Edwards, Ramírez, Hicks, Norby y Conine. Edwards volvió a lucir como una pieza extremadamente útil en la parte alta del orden, Hicks siguió haciendo contacto de calidad y Conine firmó probablemente su mejor noche ofensiva de esta primera parte del calendario. El jardinero se fue de 4-2 con cuadrangular, dos empujadas y dos anotadas, y sigue enseñando por qué su bate puede ser una herramienta importante en este equipo incluso cuando no juega todos los días. McCullough también lo dejó claro después del encuentro. “Griff tiene un bate con potencial de impacto.”, dijo el manager al referirse al swing del zurdo.
En medio de esa explosión ofensiva, Eury Pérez hizo exactamente el tipo de trabajo que Miami necesitaba. No fue una salida limpia ni una actuación dominante, pero sí una apertura útil, competitiva y mucho mejor de lo que su línea puede sugerir a primera vista. El derecho trabajó cinco innings, permitió cuatro carreras —solo dos limpias—, ponchó a seis y otorgó dos boletos en 95 lanzamientos. El daño real vino en dos momentos muy puntuales, un primer inning largo donde una carrera llegó tras un error defensivo y un quinto episodio en el que el cubanoamericano Sal Stewart Jr. conectó jonrón de dos carreras. Fuera de eso, Eury logró contener bastante bien el juego y evitó que se le fuera de las manos.
Clayton también hizo una lectura parecida. “Me pareció una apertura mucho más precisa, incluso mejor de lo que dice la línea final.”, explicó el dirigente al hablar de la presentación del dominicano, destacando que hubo más strikes tempranos y menos contacto verdaderamente fuerte del que la línea final podría sugerir. Esa es una lectura justa. Eury todavía no está en su versión más dominante, pero este tipo de salidas también tienen valor. No todas las noches se gana abrumando. A veces también se gana sobreviviendo lo suficiente para dejarle el partido servido al resto del equipo.
Y ahí fue donde apareció otro de los puntos grandes de la noche. Después de haber quedado bajo la lupa en el juego anterior, el bullpen de Miami respondió con una actuación impecable. Ryan Gusto, Andrew Nardi, Lake Bachar y Michael Petersen se combinaron para lanzar cuatro entradas en blanco, limitando a Cincinnati a apenas tres hits y ponchando a cinco bateadores. Gusto puso orden con un sexto inning limpio, Nardi salió de un momento importante en el séptimo, Bachar dominó en el octavo y Petersen, aunque tuvo tráfico en el noveno, consiguió los outs necesarios para firmar su primer salvamento del año.
Esa respuesta del relevo no fue menor. En una temporada donde los Marlins van a jugar muchos partidos cerrados y de margen corto, el bullpen tiene que ser una base, no una interrogante. Y aunque el martes dejó dudas, lo del miércoles recordó por qué este grupo ha sido una de las mejores armas del equipo en el arranque. McCullough lo resumió bien al destacar el trabajo de cada uno de sus relevistas y la forma en que “terminaron de asegurar la victoria” después de la salida de Eury. Miami necesitaba exactamente eso. Una victoria limpia después del ruido. Una respuesta inmediata. Un recordatorio de que un mal juego no tiene por qué convertirse en una mala racha.
Al final, eso fue lo más importante de la noche. No solo que los Marlins ganaron, sino que reaccionaron. No se quedaron atrapados en la frustración del martes, no jugaron con la resaca emocional de una derrota dolorosa y tampoco permitieron que la serie se les fuera de las manos. Lo que hicieron fue salir al terreno, batear temprano, sostener el juego desde la lomita y cerrarlo sin drama en la parte final. Para un equipo joven, eso también dice bastante. Y en una temporada larga, muchas veces vale casi tanto como una victoria misma.

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