Hay apellidos que no se olvidan. Contreras es uno de ellos. José Ariel lo llevó a lo más alto del béisbol cubano, lo paseó por Grandes Ligas, lo estampó en la historia olímpica. Ahora, ese apellido empieza a escribirse con nueva tinta, con una nueva mano. La de su hijo Joseph.
Y qué manera de hacerlo.
El martes, en una tarde de esas que se cuentan, Joseph Contreras lanzó un juego perfecto ante Westminster. Fueron 52 lanzamientos, 9 ponches, cero errores, y una victoria por 10-0 que sigue estirando la racha ganadora de Blessed Trinity Catholic a 18 partidos. El muchacho dominó como si llevara diez años en esto. Y apenas va camino a los 17.
Pero Joseph no solo está brillando a nivel de preuniversitario. Perfect Game, el sitio que todo scout tiene marcado, ya lo ubica como uno de los brazos más codiciados del draft del 2026. No es casualidad. No es solo apellido. Es talento puro.
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Scouting Report de Joseph Contreras
Mide 6’5 (1.95), lanza rectas de 94 millas por hora, curva alrededor de 80, slider que llega a las 83 y un split-finger con profundidad que se mueve entre 71 y 74. Todo eso con una mecánica pulida, un control frío y una presencia que impone. El último reporte de Perfect Game lo califica con un 9.5 sobre 10, un número reservado para los que están llamados a hacer ruido más allá del amateurismo.
Pero no se detiene ahí. También batea a ambas manos, con una velocidad de salida superior a las 90 millas. O sea, Joseph no es solo un lanzador. Es un jugador completo. Un proyecto serio. Una historia que se está escribiendo con velocidad, con fuerza, con nombre propio.
Hace poco, en el Showcase National, ponchó a seis en tres entradas. Ayer lanzó un juego perfecto. Mañana, quién sabe. Pero si algo está claro es que el hijo de José Ariel va camino a dejar su propia huella. No para igualar lo que hizo su padre. Sino para construir algo nuevo.
Lo de Joseph Contreras no es una promesa. Es una realidad que avanza a 94 millas por hora.