Los Marlins comenzaron la temporada 2026 con balance de 5-1 por primera vez desde 2020. Antes de eso, solo lo habían conseguido en 2014 y en 1997, una referencia que inevitablemente llama la atención dentro de una franquicia donde los buenos arranques no han sido precisamente frecuentes. Y aunque este inicio ha tenido varios protagonistas, hay una zona del roster que ha cargado con una parte enorme de ese impulso inicial. El bullpen de Miami ha sido, hasta ahora, una de las razones principales por las que el equipo se ha metido temprano en la conversación.
En un club joven, todavía en proceso de consolidación y con una ofensiva que por momentos sigue buscando estabilidad, el trabajo de los relevistas ha sido determinante. No se trata solo de haber protegido ventajas, sino de cómo lo han hecho. En las primeras dos subseries del calendario, los Marlins no solo han logrado coquetear con el el mejor récord de Grandes Ligas, sino que además han recibido una respuesta dominante de sus brazos cortos.
Los números explican bastante bien el peso que ha tenido este grupo en el inicio de campaña. Miami lidera MLB con marca de 3-0 en juegos decididos por el bullpen y presenta la mejor efectividad de todas las Grandes Ligas con 0.51, gracias a una sola carrera limpia permitida en 17.2 innings de trabajo. A eso se suman dos salvados, apenas tres boletos concedidos, el mejor WHIP del negocio con 0.51 y el promedio ofensivo más bajo permitido entre todos los bullpens de MLB con apenas .103.
Ese tipo de producción no aparece por casualidad.
Tampoco es un dato menor para un equipo como Miami, que no está construido para vivir de marcadores amplios todas las noches. Este es un conjunto que necesita pitcheo, necesita defensa y necesita cerrar partidos cuando tiene la ventaja. En ese tipo de estructura, el bullpen no funciona como un lujo. Funciona como una necesidad.
Y hasta ahora, ha respondido como tal.
Buena parte de esa responsabilidad ha recaído sobre nombres como Anthony Bender, Pete Fairbanks, Andrew Nardi, Michael Petersen y Calvin Faucher, todos con papeles importantes en este arranque. Fairbanks, quien llegó a Miami con la responsabilidad de cerrar partidos y con el cartel de ser una pieza central en el relevo, ha hecho exactamente lo que se esperaba de él. Ha entrado en momentos de presión y ha transmitido control, algo que no siempre se mide en una estadística, pero que sí cambia la dinámica de un juego apretado.
Bender también ha sido una pieza importante dentro de esa estabilidad. Su capacidad para sacar outs grandes en momentos complicados ha ayudado a darle forma a un bullpen que, por ahora, ha evitado los innings largos, el descontrol y el tráfico innecesario en las bases. Lo mismo puede decirse de Nardi, cuya presencia le da a Miami una opción zurda confiable, algo que siempre eleva el valor de cualquier grupo de relevistas.
Faucher ha seguido haciendo su trabajo con la consistencia que este cuerpo necesita, mientras que Petersen ha aportado innings valiosos dentro de un grupo que, más allá de los nombres, está funcionando como unidad. Y eso probablemente sea lo más importante de todo.
Lo que ha hecho este bullpen no se resume únicamente en outs o efectividad. Lo verdaderamente alentador ha sido la manera en que ha dominado. Los relevistas de Miami han atacado la zona, han evitado regalar bases por bolas y han limitado el contacto fuerte. Cuando un bullpen logra combinar esas tres cosas, el resto del equipo empieza a jugar de otra manera.
Eso también le cambia bastante la vida a los abridores.
Cuando el manager sabe que puede llegar al sexto o séptimo inning con una ventaja corta y entregarle el juego a sus relevistas con confianza, todo se simplifica. El abridor no siente que tiene que hacer demasiado. La ofensiva no sale cada noche con la presión de fabricar siete carreras. Y el equipo, en general, empieza a jugar con una sensación de control que se nota en los partidos cerrados.
Los Marlins han tenido justamente eso en este arranque.
También es cierto que el contexto importa. Rockies y White Sox no entran hoy mismo en la conversación de contendientes serios, y eso hay que reconocerlo. Pero en Grandes Ligas no se escoge contra quién abrir la temporada, ni tampoco se puede minimizar a un bullpen por dominar a los rivales que tiene delante. Lo que ha hecho Miami en esta primera semana ha sido exactamente lo que un equipo serio debe hacer contra clubes inferiores en el papel.
Ganó la serie que tenía que ganar.
Cerró partidos que tenía que cerrar.
Y convirtió una posible interrogante en una de sus mayores fortalezas.
Ahora llega una prueba mucho más exigente. A partir del viernes, los Marlins tendrán delante a los Yankees, una ofensiva con mucho más poder, más profundidad y mucho más castigo potencial si se falla en la zona. Ahí sí llegará una oportunidad real para medir cuánto de este dominio puede sostenerse frente a un lineup de otro nivel.
Pero incluso con ese reto a la vuelta de la esquina, lo hecho hasta ahora merece atención.
Porque si Miami ha comenzado 5-1 por primera vez desde 2020, si hoy aparece empatado con varios equipos con el mejor récord de MLB y si por unos días ha logrado meterse en una conversación nacional que no suele visitar con frecuencia, buena parte de esa historia está en el bullpen.
Y para un equipo joven que necesita vivir del pitcheo, eso puede significar bastante más que un simple buen arranque.

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