La incontrolable emigración del talento imperante en la Mayor de las Antillas, con vistas a pactar con organizaciones de MLB o ver acción en ligas profesionales, ha obligado a los directivos cubanos a cambiar su discurso en las convocatorias de la selección nacional para el Clásico Mundial. Si en el 2006 la nómina era 100 % conformada por jugadores activos en Series Nacionales, veinte años después hasta el 30 % de los peloteros anunciados para la sexta edición nunca han visto acción en la liga cubana.
Durante años los federativos nacionales defendieron a capa y espada la tesis de que la MLB y las sanciones estadounidenses impedían a Cuba convocar a sus jugadores insertados dentro del mejor béisbol del mundo. Lo cierto es que nunca fue así, pero el discurso solo vino a ser cambiado cuando la necesidad apretó fuertemente en el 2023.
No fue un cambio de mentalidad, sino una carta de salvación utilizada para evitar un desastre mayor a partir de lo vivido en la versión del 2017, cuando con, un plantel donde apenas Alfredo Despaigne sobresalía por su accionar en ligas foráneas de nivel, estuvimos a punto de quedar eliminados en la primera ronda. Fue, precisamente, un Grand Slam del slugger granmense lo que maquilló la actuación cubana y permitió avanzar a una segunda ronda donde lucieron muy por debajo de lo exigido para ese momento.
Lo mismo que veremos a Alexei Ramírez ahora con Cuba en el VI Clásico, pudo haber estado en varios de los anteriores. Seguramente hubiera requerido permisos por sus clubes, conversaciones, acuerdos. Siempre se optó desde Cuba por la salida más rápida: sepultar esos nombres, borrar su legado, valorizar solo a los que permanecían en el béisbol doméstico (mientras lo hicieran).

La emigración del talento cubano, un fenómeno indetenible
La emigración de los peloteros cubanos, cada vez con edades más tempranas (desde los 11-12 años), ha obligado a abrir un poco el círculo de elegibilidad desde La Habana. Es imposible aspirar a lograr al menos una victoria de seguir llevando elencos con jugadores exclusivamente de Series Nacionales, donde lo mejor de las promesas jóvenes ya ha tomado otros aires (salvo contadas excepciones) e imperan las “estrellas” de 40 años, capaces de batear para .400 ante un pitcheo de cuestionable velocidad, nada más lejos de lo que se puede esperar en un Clásico Mundial.
Si bien algunos defienden la idea de llevar al Clásico a los jugadores que se baten bajo el fuerte sol de las tierras cubanas, lo cierto es que un evento de este tipo requiere llevar a lo mejor de lo mejor. No hablamos de un tope amistoso o de unos Juegos Centroamericanos y del Caribe.
Los directivos cubanos aún cierran numerosas puertas, las de la mayoría de los jugadores presentes en la MLB. Haber abandonado un elenco nacional, un contrato en el exterior o manifestarse abiertamente en contra del sistema político imperante en el país resulta motivo de censura perpetua.
La inclusión para el VI Clásico de Yariel Rodríguez se antoja más como una excepción que como un cambio dentro de las reglas, el propio comunicado anunciado el equipo así lo deja manifiesto. Mientras tanto, los peloteritos cubanos siguen saliendo.
Ya no sueñan con brillar en la Serie Nacional y llegar al equipo Cuba. La realidad hoy es otra, se prioriza desarrollar una sólida formación profesional desde edades tempranas.
Tal fenómeno ha motivado un cambio de discurso en el béisbol cubano. En el próximo Clásico veremos con Cuba a Omar Hernández, Yiddi Cappe, Malcom Núñez, Alexander Vargas, Daviel Hurtado, Denny Larrondo, Julio Robaina, Osiel Rodríguez y Pedro Santos, todos emigrados siendo niños o adolescentes, sin llegar a las Series Nacionales.
Lo que era impensable hace 15 años hoy se antoja como imprescindible para, al menos, contar con aspiraciones de acceder a los cuartos de final de un Clásico. La puerta está medio abierta, en la medida justa para no hacer el ridículo pero mantener el control del grupo.

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