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Victor Victor Mesa no deja de sorprender y es el peor de todas las ligas menores

Dice el refranero popular: “Cada quien escoge la pared con que va a estrellarse” y los Miami Marlins volvieron a golpearse con el muro de la incapacidad del que fuera su mayor firma internacional y al que varios scouts (de otro planeta) le otorgaron el traje de las cinco herramientas que terminó por quedarle demasiado grande.

Después de 25 juegos de temporada regular Hoy Victor Victor Mesa exhibe un anémico 107 de promedio, producto de 6 incogibles en 57 veces oficiales al plato, cero batazos de vuelta completa, un slugging de 140 y 10 ponches en la categoría doble A. Peor aún ostenta un wRC+ de -25 que no solo es el peor de los peces, es el peor de todas las ligas menores.

Ya debe ser hora de que los Marlins acepten el hecho de que nunca, pero nunca, pisará un estadio de Grandes Ligas como jugador. (quizás para actividades de mercadeo). Millones tirados a la basura, de manera literal, un robo a mano armada sobre las muletas de un apellido y una titularidad en Cuba comprada con la influencia de su padre en detrimento de otros jugadores como Guillermo Heredia.

Antes del comienzo de la temporada, recuerdo una entrevista, concedida a Pelotacubana USA sonde aseguraba que estaba enfocado, lo bien que se había preparado en la temporada muerta y los resultados que no tardarían en llegar. Y tuvo razón: llegaron, y son la mejor muestra de su calidad indiscutida (es malo) y está rompiendo sus propios récords negativos. En lugar de mejorar, retrocede. Poco a poco va perdiendo, si es que le queda alguna, las herramientas. Quien sabe si pueda reactivar su carrera en alguna liga invernal o independiente, quizás se repatrie y juegue en la Serie Nacional o en España o Italia donde existe béisbol más acorde a su nivel.

Los peces han construido los jardines sobre la base de la agencia libre (Avisail García y Jorge Soler), un Jesús Sánchez que, al parecer, llegó para quedarse y un Bryan de La Cruz, afincado al cuarto puesto.

No se cuentas personas se mantengan en la oficina de los Marlins que hayan tenido que ver algo con tan mayúsculo fracaso. No obstante es la hora del borrón y cuenta nueva y cruzar los dedos para que el hermano menor de los Mesa, saque la cara en algún momento por la organización y justifique, al menos, los dólares que se fueron, como si fuera una piñata.

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