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¿Debacle “Made in Mesa” aleja al talento cubano de los Marlins?

La decepción del consumidor: podría definirse en materia de marketing y publicidad a las experiencias negativas cuasi perpetuas contra determinadas marcas o productos que condicionan irreductiblemente las posibles transacciones futuras de adquisición. Rara vez o nunca asumiríamos que algo “made in China” tiene calidad porque asumimos en nuestra mente que esas fabricaciones buscan en el menudeo suplir déficits negativos en nuestra propia economía. Peor sería si en algún momento hubiésemos pagado precios exorbitantes por esa misma mercancía. Algo similar les ocurrió, al parecer a los Marlins de Miami. Invirtieron mucho en peloteros “made in mesa”, digo Cuba, y éstos resultaron ser baratijas de ligas menores sin talento alguno para desarrollar en el caso del mayor y con algo de esperanza en el bisoño.

La oficina de Derek Jeter firmó cuarenta peloteros en el periodo de firmas internacionales, ninguno de ellos procedente de la mayor de las Antillas. La última firma, Yidi Cappé se había negociado desde antes de la debacle Mesa, pintado por los scouts, esos que devienen salarios y muchas veces como los meteorólogos se equivocan ubicaban entonces a Victor Victor como el prospecto número uno, pero lejos de progresar se fue hundiendo en las categorías inferiores y relegado a actividades de relaciones públicas dentro de la organización como fue la entrega de juguetes de navidad.

Un estadio ubicado en la llamada pequeña Habana, parece tener alergia al talento cubano. Lo peor de todo, es que no es nuevo, en casi 30 años solo diez han aparecido el roster activo, con destaque especial para el torpedero Adeiny Hechavarría y los lanzadores Liván Hernández con su MVP y su “I Love you Miami” y el tristemente fallecido José Fernández. Con la nueva administración podría haber cambiado con el inicio de la malograda campaña “Our colores”, y su mercadotecnia de los Cuban Sugar Kings. Es inconcebible un día de la herencia donde nadie pueda vestir con identidad un uniforme.

Adrián Lorenzo, recientemente promovido director de Operaciones Internacionales de béisbol de los peces, aseguró que no se trata de ningún plan preconcebido de antemano y le dijo al colega Jorge Ebro, de El Nuevo Herald: “Soy cubano y tengo mucho interés en este mercado’’quizás por una filosofía a la hora de evaluar, quizá porque no pudimos ponernos de acuerdo con ellos no los firmamos, pero sí los vimos a todos. Cuba sigue siendo un mercado muy importante para nosotros’’.

Sin embargo, hay cifras con las que se ajustaron convenios que bien podrían haber sido superadas por los peces.

En estos altibajos, ¿Entra en juego el factor psicológico del efecto Mesa? Puede que sí, puede que no. No obstante, a cualquiera, y no vamos a mencionar nombres, se le caen las alas del corazón, la mente y la billetera al regalar su dinero en una piñata. Victor Victor obtuvo un bono de 5.25 millones de dólares en el año 2018, el resultado, en nivel doble A, la pasada temporada conectó para un anémico 093 de average antes de ser degradado de categoría.

Durante toda su trayectoria ostenta un paupérrimo 240 de promedio con apenas 179 incogibles en 745 veces oficiales al plato.

La pelota es un negocio, una operación simple, y si nos ajustamos a la definición de mercado, las recientes inversiones no han sido rentables. En su momento escribí “Víctor Víctor pasará a la historia, tal vez, como la peor firma internacional en la historia de los Marlins y con un lugar privilegiado entre los fiascos de cualquier organización. No bateó nunca en las Serie Nacionales, donde se abrió paso a cuenta de las polémicas regalías de papá y no por méritos propios. Fildea bien, sí. Hay muchos que lo hacen y nunca han llegado a la cúspide. Tiene velocidad, sí. Es un buen pelotero, no, al menos para el nivel para el cual se le contrató”

Al menos que disfrute sus millones.

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