Pelota Cubana

El mejor sitio de béisbol cubano

Una dedicatoria especial

Por: Enzo Santín

Varadero, Cuba– Hace mucho tiempo quise ser pelotero, o más bien, quería ser como un pelotero. Y no era un pelotero cualquiera, no señor, se trata de uno que, aún cuando ya sobrepasaba la treintena, era conocido en toda Cuba como El Niño.

No tengo recuerdos de cómo comenzó mi fascinación por Omar Linares. Geográficamente no se explica, pues soy matancero, y aunque por entonces ya la provincia mostraba señales del declive beisbolístico que se agudizó años después, aún existían figuras que podían llamar mi atención.

Yo era apenas un niño cuando ya Omar daba sus últimos batazos en los estadios de nuestro país, pero yo quería batear como él, fildear como Linares, correr como él.

Sí, recuerdo la primera, y creo que única vez, que vi a Omar sobre la grama de un estadio de pelota en vivo y en directo. Pinar del Río visitaba a Matanzas en el Victoria de Girón. Quizás fue lo traumático del día lo que permite que aún se aloje en mi memoria ese momento.

Minutos antes de viajar hacia el estadio desde Cárdenas donde vivía entonces, a unos 50 kilómetros de la cabecera provincial, tuve un pequeño percance mientras jugaba con una carriola. Eso me costó una cicatriz que todavía conservo y los consiguientes regaños de mi madre. A punto estuve de no hacer el viaje salvo por la intervención de mi abuela que intercedió para poder ir.

Ya en el estadio, y en medio del calentamiento de los peloteros, un fallo eléctrico dejó a oscuras el lugar. Parecía que no podría realizar mi sueño. Por supuesto tomé asiento cerca del banco de tercera base (quería estar lo más próximo a mi ídolo posible), debí preguntar unas trescientas veces por el inicio del juego.

No fue una buena jornada para El Niño. Después de un ponche, y cuando todo el estadio gritaba improperios de cualquier clase, la voz de un niño de 6 años, con dos grandes lágrimas descendiendo por sus mejillas, se alzó para defenderlo. No podía permitir semejante barbaridad. Era mi héroe, mi ídolo.

Aún conservo unas pelotas firmadas por los integrantes de los dos equipos. Ya la tinta ha ido perdiendo su color y es apenas inintelegible. ¡Nombres ilustres! Varios peloteros de ambos equipos firmaron una de las pelotas. Pero había otra, esa estaba reservada para un solo nombre, ya deben imaginar cuál. La dedicatoria, la más especial de todas: “Para Enzo, de su amigo, Omar Linares”.

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