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​Miami, tres peloteros cubanos y las decisiones en tiempos difíciles


POR JORGE EBRO 

Dos están cerca, aquí mismo en Miami, y el otro donde el diablo dio las tres voces por Oklahoma, pero a los tres les vendría bien un cambio de ambiente deportivo, una bocanada de aire fresco con cierto sabor de redención. Y en tiempos desesperados todo debería ser posible, hasta los comienzos y los exorcismos.

Alexander Guerrero y Héctor Olivera deambulan por los terrenos de la ciudad en espera de esa oportunidad para demostrar que llevan dentro madera de Grandes Ligas, que si hubo errores ya son cosa del pasado y el orgullo de jugar entre los mejores aún palpita en el pecho.
Yasiel Puig hace lo mismo en un equipo de granja de los Dodgers, pero con el favor perdido y la puerta cerrada de un equipo en apariencias cansado de él, sin deseos de devolverlo a las luces de Los Angeles o mejor dicho, los reflectores de Hollywood.
Los tres requieren de un cambio de timón, ese tirón brusco que te pega en el rostro para despertarte y darle un sentido a los días, al menos en el plano profesional…si solo los Marlins quisieran, si solo estuvieran deseosos de pensar fuera del cuadrado en que suelen moverse los clubes de las Mayores.
Los peces han perdido a su principal slugger, a su principal brazo en los jardines y andan como esos barcos escoriados, a punto de irse a la deriva. Giancarlo Stanton, admitámoslo o no, es imprescindible para la maquinaria mínima del club. Podemos criticarle su abultada cantidad de ponches. Jamás evadiremos su capacidad para remolcar carreras, cuando está saludable.
Nunca he sido de los que se pone la camiseta para abogar porque un jugador de este o aquel país vaya a un equipo en específico, pero en esta oportunidad la situación se ajusta como anillo al dedo: dos desempleados y un castigado. Un mes y medio de temporada con salarios prorrateados. El chance de redención. La potencial alegría de unos playoffs…
La leyenda, falsa o cierta, de que el manager Don Mattingly no querría a Puig ni a Guerrero por haberlos tenido bajo su mando en Los Angeles, pudiera pesar. Pero Olivera viene con una hoja en blanco, una vez más, al menos en lo deportivo. Puede jugar el infield y los jardines. Tiene, de los tres, que trabajar más duro para restablecer su figura.
Miami se sobrepuso a muchos problemas en la primera mitad para abrirse camino en la batalla de los playoffs, pero la historia bonita no durará sin Stanton por el resto de la temporada y sin Bour por un par de semanas más. Decir lo contrario sería mentir descaradamente.
Ahí están sentados en el banquillo de la espera Guerrero, Puig y Olivera. ¿Cuánto cuesta llamar a sus agentes? ¿Qué toma hablar con ellos, preguntarles, conocer sus estados de ánimo? Peor sería no hacer nada. En tiempos desesperados todo debería ser posible. Hasta una contratación impensable.

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