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Gerardo Concepción: “si me caigo, ya aprendí como levantarme’’

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POR JORGE EBRO

Gerardo Concepción no encuentra un número capaz de ilustrar el tamaño de su frustración cuando todo parecía irle mal, pero tampoco una frase que pueda describir la intensidad de su alegría al llegar a Grandes Ligas.

Durante cuatro años en el sistema de granja de los Cachorros, Concepción lidió con una cuota de infortunios que habrían hecho desistir al más valiente de los prospectos, con cuatro viajes a la lista de inhabilitados con problemas que fueron desde infecciones hasta molestias en la espalda y la fractura de un dedo.

«No lo voy a negar, hubo momentos de flaqueza, momentos en que uno se cuestiona el camino emprendido y la fe disminuye», reconoció Concepción. «Pero algo me decía que no podía cansarme, que me levantara y siguiera adelante. Lo malo no podía durar toda una vida».

Ciertamente, Concepción nunca imaginó que el camino iba a estar lleno de tropiezos cuando abandonó en junio del 2011 una escuadra cubana en Rotterdam, Holanda, para emprender rumbo a la mejor pelota del mundo, como tantos de sus compatriotas.

Atrás había quedado una temporada 2010-11 llena de promesa con los Industriales de la capital cubana, al punto de haber ganado el premio de Novato del Año con foja de 10-3 y una efectividad de .3.36.

 

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Después de observarlo, los Cachorros le extendieron un pacto por $6 millones y cinco temporadas, esperando que se convirtiera en un especialista en dominar zurdo y hasta en un abridor confiable.

Pero en la primeras cuatro contiendas en las Menores los resultados no pudieron ser peores para Concepción, quien sumó balance de 6-11 y 5.57 de promedio de carreras limpias.

Finalmente, algo cambió en el zurdo que comenzó el 2016 en Doble A y rápidamente fue promovido a Triple A, donde ganó fama de lanzador difícil de conectarle. La llamada que esperó durante tanto tiempo no se hizo esperar.

«Creo que aprendí a escuchar, de pronto asumía mejor los consejos que me daban», explicó Concepción. «El equipo me ayudó mucho. Antes me frustraba rápido frente a lo adverso. Ahora he aprendido a encontrar la paciencia, a confiar en mis envíos y a ser agresivo en la zona de strike».

Más allá de todo cambio, lo principal es que Concepción, a sus 24 años, se siente listo para cumplir la promesa que Chicago advirtió en aquel chico desconocido que ilusionaba a La Habana y los fanáticos de los Industriales.

«En el fondo, sigo siendo un azul y no olvidaré nunca aquella temporada mágica de novato», apuntó Concepción. «Pero ya estoy aquí, en las Mayores, y haré todo lo posible por permanecer mucho tiempo. Y si caigo en algún momento. No importa. Ya aprendí como levantarme».

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