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Felo Ramírez: “si me alejo del micrófono no soy feliz’’

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POR JORGE EBRO

Felo Ramírez es un espíritu que arrastra un cuerpo. Acaba de cumplir 93 años sin alejarse de ese micrófono que es lo más parecido a una transfusión de vida y le insufla una energía mágica, irrepetible.

No quiere que le recuerden la edad, no desea que le mencionen el dato, porque el asombro de su propio logro le asusta al punto del miedo. Pocos trabajan más allá del tiempo lógico del retiro y odian sus trabajos, pero Felo no es un ser común y corriente, sino una leyenda viva. El lo sabe, lo disfruta.

«Si me alejo del micrófono, si me alejo del béisbol no soy feliz», explica el miembro del Salón de la Fama de Cooperstown. «Cuando mi esposa falleció hace unos años, pensé que todo había acabado para mí. El béisbol y la radio me salvaron. Me han dado ese antídoto para el momento en que uno quiere cerrar los ojos y olvidarse de todo».

En Miami Felo está a sus anchas y no pasa un día en el palco de prensa sin que se acerque con sus ojos pícaros para contarte el último chiste que le hicieron a la hora de tomar el café. «Oyeme, tú sabías ese del hombre que entra al cuarto y…».

Pero no hay peor noticia que la prontitud de un viaje. El les llama el sacrificio del siglo y a regañadientes hace las maletas para seguir la ruta de los Marlins con la ayuda del siempre atento y noble Yiki Quintana, su copiloto de narraciones.

Todavía no ha olvidado los cinco días de la temporada pasada en Minnesota bajo una nevada que le congeló el alma o la altura de Denver que le exprime hasta las porciones más lejanas de oxígeno en los pulmones.

Sin embargo, nada más llegar a la cabina, Felo se transforma, rejuvenece. La transmisión parece, entonces, un salón de cirugía plástica virtual, donde el nonagenario vuelve a ser aquel joven que brillaba en la Cabalgata Deportiva, el que transmitió el hit 3,000 de Roberto Clemente, «El Orgullo de Bayamo».

Nadie ha transmitido más juegos de béisbol que él. Nadie solía narrar la temporada profesional cubana, la de Grandes Ligas, correr a transmitir en Puerto Rico, de ahí a Venezuela, de ahí a Nicaragua, de ahí a…al mundo, sin pausa y con prisa.

La vista no es la misma. El mismo reconoce que un batazo a lo profundo lo confunde y por eso ya tiene cita con un oculista. La voz hace rato que dejó de ser el torrente arrollador y rotundo, pero nadie dice mejor eso de que «están ganando los Marlins» que Felo, el inconfundible Felo.

¿Cuánto tiempo más estará detrás del micrófono?

«A veces me entran ganas de retirarme y cuando faltan dos meses para el inicio de temporada lo pienso dos veces», reconoce el hombre que el 22 de junio estuvo de cumpleaños. «Pero a la tercera vez que lo pienso, entonces me digo que si no transmito, me estoy condenando en vida. Me van a tener que botar».

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