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Pedro Jova, las injusticias que todos olvidaron

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Por Alberto Aguila

El episodio de suspensión con pasito atrás que envolvió al estelar Frederich Cepeda me activó la memoria sobre otros casos de peloteros cubanos que han  sido víctimas de los desmanes gubernamentales desde que en 1962 se instauró el “béisbol revolucionario” en el país.

Hay un oscuro historial de sanciones abusivas y ridículas que corre paralelo a las hazañas ocurridas en los terrenos de juego, aupadas por la prepotencia, la confabulación, la ceguera y el silencio culpable de los ineficaces dirigentes del béisbol cubano.

Hoy quiero remover esas turbias aguas para contar, por primera vez con todos los pormenores, el caso de un ex estelar torpedero de la región villareña: Pedro Jova.

Corría 1972 y el torpedero Pedro Jova fue seleccionado como Novato del Año en la XI Serie Nacional, lo que le valió una invitación al entrenamiento del equipo Cuba, efectuado ese año en los terrenos de la Universidad Central de Santa Clara, capital de la entonces provincia de Las Villas.

Una mañana, Jova regresó del entrenamiento al albergue del estadio “Augusto César Sandino” y en el camino hacia el baño se limpió el sudor con una camiseta abandonada en el lugar. Algunas horas después regresó el resto de sus compañeros y sobrevino la desagradable noticia de que se había producido un robo, luego que Agustín Marquetti, Braudilio Vinent y otros notaron que en sus clósets faltaban algunas prendas de vestir.

Consultado el celador, declaró que Jova era la única persona que había pasado al interior del recinto. Rápidamente un equipo investigador del Ministerio del Interior (MININT), con perros amaestrados, se presentó en el lugar. Todos los miembros del equipo fueron situados en una fila. Uno de los canes “olfateó” a Jova, quien quedó perplejo y negó rotundamente haber sido el autor del hurto masivo.

Los policías repitieron la prueba con el mismo resultado, aunque Jova siguió enfatizando su inocencia. Esa tarde y por mucho tiempo después siguió repitiéndolo sin que le creyeran.

Pero así las cosas, sin pruebas contundentes ni más investigaciones sobre lo sucedido, Jova fue encausado y llevado a juicio.

Fue absuelto, porque el magistrado consideró que la acción del perro no era una prueba convincente de que el jugador hubiese cometido un robo. No obstante, el Jefe del MININT en Santa Clara, en total desacato de las leyes vigentes, fue quien determinó su suerte en el béisbol: “Mientras yo esté aquí, Jova no juega más pelota. Ese perro no se equivoca… ”, dictaminó el coronel seguroso.

Y así fue y nadie más levantó la voz para clamar por la soberana injusticia. Pedro Jova no jugó pelota durante 24 angustiosos meses, que pudieron ser infinitos si el azar no hubiera jugado sus cartas para favorecerlo. Porque lo que logró destronar el veredicto del coronel (y los olfateos del perro) fue un desdichado suceso, una tragedia en la carretera sin relación alguna con el mencionado proceso judicial.

Luto de la pelota cubana

El 4 de julio de 1974 falleció en un accidente de tránsito el famoso lanzador José Antonio Huelga Ordaz, hecho que enlutó al deporte cubano. Su cadáver fue velado en la antigua Colonia Española de Sancti Spiritus en medio de un desbordamiento del dolor de la población.

Hasta allí llegaron los peloteros de la selección nacional, quienes realizaron una guardia de honor, encabezada por Agustín Marquetti y Braudilio Vinent, dos de los compañeros de Huelga en el team Cuba.

De pronto, Marquetti levantó la cabeza para observar a un joven que, a pocos metros de distancia, vestía un pantalón oscuro como el que le habían sustraído en el albergue del Sandino tiempo atrás.  Poco después conversó con Jesús Oviedo, otro conocido pelotero espirituano y le preguntó: “¿Conoces al señor ese…?  Tiene puesto mi pantalón que desapareció del estadio hace dos años”.

Arrestado y conducido a Santa Clara, el joven declaró que el pantalón se lo había prestado un recluta que había pasado el Servicio Militar con él en una unidad cercana a Santa Clara. Localizado poco después, el verdadero autor del robo confesó que había entrado al albergue por una ventana exterior del inmueble.

Tras lo ocurrido, Jova  fue “perdonado” y rehabilitado en la pelota cubana, sin haberse dado una sola explicación lógica a la afición nacional. Como caído del cielo, sin respuestas para las inevitables interrogantes que comenzaron a rodar, regresó al terreno a darlo todo por el béisbol. Y tantas eran sus cualidades que se apoderó nuevamente del short stop de los Azucareros y llegó a figurar incluso en el equipo Cuba por varios años.

Cuando en 1978 consiguió hacer el equipo Cuba como segundo torpedero (el titular era Rodolfo Puente), Jova bateó para 421 en la serie mundial amateur de ese año.

Disciplinado como pocos atletas, Jova se mantuvo activo por 17 años en series nacionales y no pasó mucho tiempo después para que triunfara como mentor del equipo Villaclara, ganando tres campeonatos sucesivos entre 1993 y 1995.

La llamada fatal

Sin embargo, la suerte volvió a jugarle una mala pasada y fue suspendido nuevamente en 1997, otra vez inmerecidamente.

En el verano de 1996, el lanzador Rolando Arrojo, estrella del equipo villaclareño, había abandonado la delegación cubana que se encontraba en Estados Unidos para participar en la Olimpíada de Atlanta. Meses después, Arrojo conversó telefónicamente con algunos de sus ex compañeros de Villaclara tras hacer una llamada a una dependencia deportiva en Santa Clara.

Una semana después, un oficial de Seguridad del Estado se presentó en la instalación portando la grabación de las conversaciones. El 22 de julio de 1997, el diario Granma publicó una nota informando que un grupo de entrenadores y jugadores del equipo Villaclara habían sido sancionados por estar en contacto con desertores.

Entre los castigados estuvo Jova, quien desconocía del diálogo telefónico de sus discípulos con Arrojo,  pero pagó los platos rotos de la “indisciplina” como mánager del conjunto.

También figuró su hijo, Maikel Jova, un prometedor jugador de cuadro que vio tronchado su futuro en Cuba. Suspendido y alejado de la actividad deportiva, Maikel intentó salir del país para cumplir su sueño de jugar en Grandes Ligas. Lo retornaron de Bahamas en 1998, pero finalmente logró abandonar la isla y, en el 2000 firmó un contrato para ligas menores con los Azulejos de Toronto.

Mientras, la  segunda separación forzosa de Pedro Jova del béisbol fue por siete años. No fue hasta el 2004 cuando le  otorgaron el perdón oficial y fue nombrado mentor del equipo Guantánamo, en el extremo oriental de la isla.

Y sucedió que en la primera salida de Jova como director de los guantanameros, en el estadio Sandino, fue aplaudido delirantemente por el público asistente, que no entendía el castigo contra su ídolo.

Jova recibía así la reivindicación popular ante la mirada atónita de sus verdugos. Pero me temo que fue ya demasiado tarde.

El pasado 18 de noviembre, el ídolo de La Esperanza cumplió 57 años.

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