September 20, 2020

Pelota Cubana

El mejor sitio de béisbol cubano

Qué pena

La recién culminada subserie entre Holguín y Granma, mostraron un bajo nivel cualitativo

Yordan Manduley Escalona (42, Holguín) durante el partido de beisbol contra Industriales, en el Estadio Latinoamericano.
Foto: Yander Zamora

Si alguien aún duda de que el torneo élite de la pelota cubana no puede tener 16 equipos, los enfrentamientos entre Granma y Hol­guín durante jueves, viernes y sábado pasados, debieron convencerle. Que pena que hayamos llegado a ese nivel de béisbol, que pena que se haya visto por televisión tan poca calidad.

Para un pueblo que se precia de conocer este deporte, que gusta de pasar sus noches y tardes en el estadio o frente al televisor, es bochornoso un partido, como el del viernes, en el cual se anotaron ocho carreras forzadas; dos elevados cayeron casi al lado de los jugadores de cuadro a la defensa; o que en par de desafíos consecutivos se hayan otorgado la friolera de 24 boletos.

Lo es porque ocurre en lo que hoy es la máxima expresión de nuestros torneos. Para colmo, en el segundo choque fueron más de tres horas y cuarenta minutos de tortura, de castigo al orgullo de país beisbolero. Hay mu­cho por hacer a lo interno, al margen de la mi­gración y sus consecuencias, que ya abordamos la pasada semana.

Coincido con quienes opinan que no solo una lid con menos selecciones en el segmento superior resolvería el problema. Esa es solo una parte del dilema; concuerdo en que he­mos perdido espacios a escala social, no se juega pelota, ni siquiera a las cuatro esquinas. No hace mucho, lo recordaba el sabatino y siempre interesante Béisbol de siempre, se organizó en la capital un certamen del callejero juego.

¿Por qué no lo hacemos a nivel nacional, si solo hace falta una pelotita de goma y una pequeña área cuadrada? ¿Si tenemos en la matrícula del sistema de enseñanza escolar a potenciales miles de participantes? Podría ju­garse hasta en los patios de las escuelas, sería además una bonita competencia entre ellas.

Me alineo con aquellos que piensan en la base como la piedra angular del rescate beisbolero. Y pienso en la necesidad de potenciar un calendario desde el municipio y la provincia en las edades escolares y juveniles y luego en una justa a nivel nacional, tras un sistema de clasificación por zonas, que permita acumular juegos en esas categorías.

 

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Sin jugar, un lanzador no puede tener control de la pequeña zona de strike, aunque haga cientos de lanzamientos de entrenamiento; sin jugar no puede saberse a dónde tirar, ni para dónde correr, en caso de un out y con el marcador adverso; sin jugar no se puede en­tender la pelota y hoy niños y jóvenes juegan muy poca pelota.

Es cierto que este, nuestro pasatiempo na­cional, lleva recursos para tal empeño, pero también diseños organizativos que favorezcan ese ambiente y que hagan más racional ese propósito necesario. Lo absurdo es continuar invirtiendo en una supuesta élite cada día más devaluada, sin ponerle nada a la ma­teria prima que pueda revertir la situación. Y mientras más tardemos en volcar la ecuación no solo el nivel será más bajo, sino que se incrementaría el dinero que echamos en saco roto o que botamos.

Debería engranarse un sistema competitivo de amplia participación que llegue hasta una Serie Nacional Sub-23, con representación de todas las provincias y que se desarrolle en el verano para finalizar con un campeonato élite, que en otras ocasiones hemos llamado Liga Cubana de Béisbol, con seis conjuntos, aunque ahora no se si dará para esa cantidad o para cuatro. Algo hay que hacer y rápido, el béisbol no solo es un deporte, es pasión, identidad nacional, y con eso no se juega.

 

 

 

 

Es penoso también el incidente en que se vio envuelto el mentor de Matanzas, Víctor Mesa, en Pinar del Río, como lamentable es también que nuestra pelota no garantice la tranquilidad, entiéndase privacidad de los equipos en hoteles y estadios. Ya en el terreno, el jugador o director es responsable de su actividad pública y de su comportamiento. No exoneramos a nadie, aunque no podamos juzgar, pues no estuvimos en el lugar. Lo que si podría afirmarse que es otra consecuencia del estado actual de nuestra pelota.

Por eso el cirujano Eduardo Molina, ferviente industrialista, tiene toda la razón, cuando me dijo, a propósito de estos temas: “De­bieran pasar todos los días por televisión el gesto de fraternidad, de vergüenza deportiva, del pinareño Giraldo González, al ser el primero en felicitar al jugador contrario, Agustín Mar­quetti, quien con su jonrón, tendió en el campo las aspiraciones ganadoras de su equipo, en 1986”.

Hoy comienzan los últimos cotejos del calendario regular, con solo el cuarto invitado a semifinales pendiente de nombre. Ojalá que los play off, con una nueva oportunidad de refuerzos, no nos hieran más el corazón del deporte cubano y le den crédito al sano orgullo por la pelota.

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